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Deportes para personas mayores: cuáles son los más recomendables y cómo practicarlos con seguridad

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Los deportes para personas mayores más recomendables son aquellos de bajo impacto articular que combinan resistencia aeróbica, fuerza muscular, flexibilidad y equilibrio. Destacan la caminata a paso ligero, la natación, el taichí, el yoga adaptado, el pilates, el baile y la bicicleta estática. Según las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se aconseja realizar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad moderada para preservar la autonomía y prevenir caídas.

En las residencias y centros de día de Amavir, la fisioterapia y la gerontogimnasia se adaptan de forma personalizada a cada residente para contribuir a un envejecimiento activo. A continuación, analizamos cuáles son las mejores disciplinas según tu estado de salud, qué deportes se deben evitar y cómo iniciar una rutina segura.

Puntos clave sobre el deporte en la tercera edad:

  • Recomendación de la OMS: De 150 a 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, sumados a 2 o más días de fortalecimiento muscular y 3 días de ejercicios multicomponente centrados en el equilibrio.
  • Caminar a paso ligero, natación y aquagym, taichí, yoga adaptado y bicicleta estática.
  • Ejercicios a evitar o adaptar: Deportes de alto impacto (correr sobre asfalto, saltos), deportes de contacto y actividades con elevado riesgo de pérdida de equilibrio o caídas.
  • Adaptación a patologías: Prescripción específica para personas con artrosis (ejercicio en agua), osteoporosis (fuerza sin flexiones bruscas de columna) o enfermedades cardiovasculares.
  • Adaptación en movilidad reducida: Gerontogimnasia en silla, pedaleadores y programas individualizados de fisioterapia.

 

¿Por qué es importante practicar deporte siendo mayor?

Estudios comprueban que las personas mayores que realizan actividades físicas presentan menores tasas de mortalidad relacionada con problemas del corazón, hipertensión, accidentes cerebrovasculares, diabetes e incluso algunos tipos de cáncer.  Además, cuanto más activa sea la persona, mejor será su fuerza muscular, su elasticidad y su sistema inmunológico.

Además, los beneficios de la actividad física en mayores abarcan diferentes dimensiones:

  • Beneficios físicos. El ejercicio ayuda a mantener la fuerza muscular, la movilidad, la coordinación, la resistencia y el equilibrio. También contribuye a conservar la salud ósea y puede disminuir el riesgo de caídas.
  • Beneficios cognitivos. Los ejercicios de estimulación cognitiva que implican coordinación y atención, como la petanca o el baile, fomentan la agilidad mental y pueden retrasar el deterioro cognitivo.
  • Beneficios emocionales. La práctica de ejercicio libera endorfinas, reduciendo el estrés y la ansiedad.
  • Beneficios sociales. Participar en actividades grupales ofrece oportunidades para relacionarse, compartir objetivos y combatir el aislamiento. El componente social puede ser especialmente importante cuando el ejercicio se realiza en grupo.

 

¿Qué deporte es el más adecuado según el estado de salud?

No todas las personas mayores parten de la misma situación. Una actividad que resulta apropiada para una persona activa puede ser demasiado exigente para alguien sedentario o con problemas de movilidad. Por eso, antes de iniciar una actividad nueva conviene valorar las capacidades físicas y las posibles limitaciones.

Personas activas

Las personas mayores que ya mantienen un buen nivel de actividad pueden combinar diferentes modalidades. Una buena rutina puede incluir ejercicio aeróbico, como caminar a paso ligero o bicicleta, con ejercicios de fuerza y actividades para mejorar el equilibrio.

La variedad es beneficiosa porque permite trabajar distintas capacidades físicas y reduce la monotonía. El objetivo no debería ser centrarse exclusivamente en el ejercicio cardiovascular: la fuerza y el equilibrio son especialmente importantes para conservar la funcionalidad y prevenir caídas.

Personas sedentarias que quieren empezar

En este caso, lo más importante es comenzar progresivamente. No es necesario alcanzar desde el primer día las recomendaciones generales de actividad física.

Una caminata corta, ejercicios de movilidad articular o una sesión suave de gimnasia pueden ser un buen punto de partida. Con el tiempo se puede aumentar gradualmente la duración, la frecuencia o la intensidad.

La OMS señala que realizar algo de actividad física es mejor que permanecer completamente inactivo y recomienda empezar con pequeñas cantidades cuando no se cumplen inicialmente los niveles recomendados.

Personas con problemas articulares

Cuando existen artrosis, dolor articular u otras limitaciones musculoesqueléticas, conviene elegir actividades que reduzcan el impacto y permitan controlar el movimiento.

La natación y otros ejercicios acuáticos, la bicicleta estática, determinados ejercicios de movilidad o el yoga adaptado pueden ser opciones interesantes, siempre que sean adecuados para la situación concreta.

El ejercicio no debería utilizarse para ignorar un dolor persistente. Si una actividad provoca dolor importante o empeora los síntomas, es recomendable detenerla y consultar con un profesional sanitario para valorar alternativas.

Personas con osteoporosis

En caso de osteoporosis en ancianos, la actividad física puede ser beneficiosa para mantener la fuerza muscular, la movilidad y la funcionalidad, pero deben evitarse movimientos o cargas inadecuados para cada persona.

Los ejercicios de fuerza correctamente adaptados pueden formar parte del programa de actividad física, junto con ejercicios de equilibrio para reducir el riesgo de caídas. La selección concreta de ejercicios debe individualizarse especialmente cuando existe una osteoporosis avanzada o antecedentes de fracturas.

Personas con enfermedades cardiovasculares

Tener una enfermedad cardiovascular no significa necesariamente que haya que renunciar al ejercicio. De hecho, las personas mayores con enfermedades crónicas también pueden beneficiarse de la actividad física cuando esta se adapta a sus capacidades y situación clínica.

En estos casos es especialmente importante determinar previamente qué tipo de actividad, intensidad y duración son apropiadas. Caminar, bicicleta estática o determinados programas supervisados pueden ser opciones, pero la pauta debe establecerse teniendo en cuenta el diagnóstico, la medicación, la capacidad funcional y las indicaciones del equipo sanitario.

Personas con deterioro cognitivo leve

El ejercicio puede integrarse en las estrategias de promoción de la salud cerebral. Caminar, realizar ejercicios sencillos de equilibrio, practicar gimnasia adaptada o participar en actividades grupales permite trabajar simultáneamente diferentes capacidades.

Además, las actividades dirigidas pueden incorporar componentes cognitivos, como recordar secuencias de movimientos, seguir instrucciones o coordinar movimientos con otras personas. En entornos residenciales, estas actividades pueden combinarse con programas específicos de estimulación cognitiva.

Perfil de Salud Disciplina Recomendada Objetivo Clínico Principal
Personas activas Caminatas a paso ligero, ciclismo estático, baile de salón. Mantener la capacidad aeróbica y la masa muscular.
Personas sedentarias Iniciación progresiva con paseos breves y gerontogimnasia suave. Reducir el tiempo de silla sin sobrecargar articulaciones.
Artrosis y dolor articular Natación, aquagym, hidrogimnasia y bicicleta reclinada. Ejercitar la musculatura descargando el peso de las articulaciones.
Osteoporosis Ejercicios de fuerza funcional con cargas ligeras y taichí. Favorecer la salud ósea y prevenir caídas.
Enfermedades cardiovasculares Paseos pautados, bicicleta estática y ejercicios bajo supervisión. Controlar la presión arterial y mejorar la eficiencia cardíaca.
Deterioro cognitivo leve Baile, circuitos de coordinación motor-cognitiva y petanca. Estimular la memoria motora y el seguimiento de instrucciones.

 

Los mejores deportes para personas mayores

Es esencial elegir actividades físicas para mayores adaptadas a las capacidades y condiciones de salud individuales. Aquí presentamos algunas opciones populares y sus beneficios:

  • Caminar. Una opción sencilla y efectiva para mantener el corazón sano y fortalecer las piernas.
  • Natación y actividades acuáticas. La natación en adultos mayores reduce el impacto sobre las articulaciones y permite realizar ejercicios de movilidad y resistencia. Las clases de ejercicio acuático adaptado pueden ser especialmente interesantes.
  • Yoga. Ayuda a mejorar la flexibilidad, el equilibrio y la fuerza muscular, al tiempo que promueve la relajación.
  • Taichí. Los beneficios del taichi en ancianos son múltiples: contribuye a mejorar el equilibrio, puede ayudar a reducir el riesgo de caídas y favorece el alivio de síntomas asociados a patologías como la artrosis.
  • Pilates adaptado. Puede ayudar a trabajar el control corporal, la movilidad y la fuerza del tronco, siempre que los ejercicios se ajusten a las capacidades de la persona.
  • Baile. Actividad cardiosaludable que combina ejercicio y diversión, favoreciendo también la vida social.
  • Bicicleta estática. Permite realizar ejercicio cardiovascular sin necesidad de enfrentarse al tráfico o a terrenos irregulares. La resistencia puede ajustarse progresivamente.
  • Petanca y otros deportes de precisión. Actividades como la petanca pueden combinar movimiento moderado, coordinación, concentración y participación social.

 

¿Qué deportes conviene evitar o adaptar?

No existe una lista universal de deportes prohibidos para todas las personas mayores. Sin embargo, algunas actividades pueden presentar más riesgos y necesitan una valoración previa o modificaciones.

  • Deportes de alto impacto. Correr, realizar saltos repetidos o determinadas actividades con impactos fuertes pueden no ser apropiados para personas con determinadas patologías articulares, problemas de equilibrio u otras limitaciones.
  • Deportes de contacto. Actividades en las que existe riesgo de golpes, choques o caídas pueden requerir una adaptación importante, especialmente cuando existen problemas de fragilidad, osteoporosis o equilibrio.
  • Actividades con alto riesgo de caídas. Deportes realizados sobre superficies inestables, a cierta altura o con cambios bruscos de dirección deben valorarse cuidadosamente para la prevención de caídas.

 

Cómo empezar a practicar deporte de forma segura

Existen multitud de actividades para personas mayores en residencias. Empezar de forma progresiva es una de las principales recomendaciones para evitar sobrecargas y lesiones. Algunas pautas que pueden ayudar son elegir una actividad acorde con la condición física, comenzar con sesiones cortas y aumentar progresivamente su duración y realizar un calentamiento suave antes de actividades más exigentes.

Asimismo, hay que prestar atención al uso de un calzado cómodo y estable, especialmente en actividades que impliquen caminar o trabajar el equilibrio; así como a hidratarse adecuadamente y prestar atención a las condiciones ambientales.

 

¿Con qué frecuencia deben hacer deporte las personas mayores?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda realizar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad intensa. Esto puede combinarse con ejercicios de fuerza dos o más días por semana para mantener la masa muscular.

Estas cifras deben entenderse como objetivos generales, no como una obligación que todas las personas tengan que alcanzar inmediatamente. Alguien que parte de un estilo de vida sedentario puede necesitar semanas o meses para aproximarse a ellas.

Una posible distribución semanal podría combinar caminatas varios días, dos sesiones de fuerza y varias sesiones breves de equilibrio. Las actividades pueden repartirse a lo largo de la semana y adaptarse a la rutina personal. Lo importante es mantener la regularidad y reducir el tiempo sedentario siempre que sea posible.

 

Cómo adaptar el deporte cuando existe dependencia o movilidad reducida

La dependencia o la movilidad reducida no deberían significar necesariamente dejar de hacer ejercicio. La actividad física puede adaptarse al nivel funcional de cada persona y realizarse incluso con apoyos o desde una silla.

Ejercicio sentado

Los ejercicios sentados permiten trabajar brazos, piernas, movilidad articular, coordinación y, según las capacidades de la persona, fuerza y resistencia.

Algunos ejemplos son las elevaciones de brazos, movimientos controlados de piernas, ejercicios con pelotas ligeras o pedaleo suave. En personas con mayor dependencia, estos ejercicios deben realizarse siguiendo las indicaciones de los profesionales responsables.

Actividad física supervisada

Cuando existen problemas de equilibrio, deterioro funcional o dificultades importantes de movilidad, la supervisión profesional puede aportar seguridad y permitir adaptar los ejercicios.

La fisioterapia y otros profesionales especializados pueden trabajar aspectos como la movilidad, la fuerza, la coordinación, la marcha y el equilibrio. El objetivo no es conseguir un determinado rendimiento deportivo, sino preservar o recuperar la máxima capacidad funcional posible.

Programas individualizados

Cada persona tiene unas capacidades, antecedentes y objetivos diferentes. Por eso, un programa individualizado permite determinar qué movimientos son adecuados, qué intensidad puede tolerarse y cómo progresar.

En las  residencias de mayores y centros de día de Amavir se realizan actividades físicas y programas de fisioterapia y rehabilitación adaptados a las condiciones de cada residente, con intervenciones individuales y grupales orientadas a favorecer la autonomía y la psicomotricidad.

 

El papel del deporte en las residencias de mayores Amavir

En una residencia de personas mayores, la actividad física puede formar parte de un enfoque integral de cuidados. El objetivo no es únicamente hacer ejercicio, sino mantener las capacidades funcionales, fomentar la autonomía y favorecer el bienestar físico, cognitivo, emocional y social.

Amavir incorpora actividades de movilidad, fisioterapia, rehabilitación y gerontogimnasia dentro de sus programas de atención, adaptándolas a las necesidades y capacidades de los residentes.

Programas de fisioterapia

La fisioterapia para mayores puede utilizarse tanto con finalidad preventiva como terapéutica. Entre sus objetivos están mantener o mejorar la movilidad, trabajar la fuerza y la coordinación y contribuir a prevenir caídas.

En Amavir, los programas de fisioterapia se adaptan a cada caso y pueden incluir diferentes técnicas y ejercicios destinados a conservar o recuperar la capacidad funcional.

Gerontogimnasia

La gerontogimnasia consiste en actividades físicas específicamente adaptadas a las personas mayores. Puede trabajar movilidad articular, musculatura, estabilidad, coordinación y equilibrio.

Las sesiones pueden incluir ejercicios para diferentes partes del cuerpo, así como actividades activas, ejercicios de respiración y tareas de coordinación y equilibrio. En un entorno residencial, se desarrollan bajo la supervisión de profesionales con formación específica.

Actividades grupales

El ejercicio realizado en grupo añade un componente social que puede favorecer la motivación y la participación. Las sesiones de gimnasia adaptada, paseos, actividades de movilidad o determinados talleres permiten mantenerse activo mientras se comparte tiempo con otros residentes.

Además, algunas actividades físicas pueden incorporar estimulación cognitiva y sensorial. Amavir señala, por ejemplo, que la gerontogimnasia puede combinar movimiento con trabajo cognitivo y sensorial.

Ejercicio para prevenir caídas

El trabajo de fuerza y equilibrio es especialmente importante en las personas mayores porque ayuda a conservar la capacidad funcional y a reducir el riesgo de caídas. La OMS recomienda incluir actividades multicomponente centradas en el equilibrio y la fuerza funcional al menos tres días por semana.

En Amavir, la prevención de caídas se aborda mediante ejercicio físico, fisioterapia adaptada y medidas relacionadas con el entorno y la supervisión.

 

Preguntas frecuentes sobre el deporte para mayores

¿A qué edad es recomendable empezar a hacer deporte de forma regular?

No hay una edad máxima para comenzar a realizar actividad física. Incluso las personas que nunca han practicado deporte pueden beneficiarse de incorporar movimiento a su rutina.

Eso sí, el inicio debe adaptarse a la condición física y al estado de salud. En personas sedentarias, lo recomendable es comenzar con actividades sencillas y aumentar progresivamente la duración y la intensidad.

¿Es mejor hacer deporte por la mañana o por la tarde?

No existe una única hora del día que sea la mejor para todas las personas mayores. Lo más importante es encontrar un momento en el que la persona se encuentre cómoda, tenga energía suficiente y pueda mantener la actividad con regularidad.

¿Cómo saber si un deporte tiene demasiada intensidad?

Una referencia sencilla es la capacidad para mantener una conversación. Durante una actividad de intensidad moderada se debería poder hablar, aunque la respiración sea más rápida. Si resulta muy difícil mantener una conversación porque falta el aire, la intensidad puede ser elevada.

¿Qué hacer si aparecen molestias durante la práctica deportiva?

Si aparecen mareos, dolor torácico, dificultad respiratoria inusual, pérdida de equilibrio u otros síntomas preocupantes, hay que interrumpir la actividad y solicitar valoración sanitaria. En caso de enfermedades crónicas o problemas musculoesqueléticos, un profesional puede ayudar a determinar qué actividades y movimientos son apropiados.

¿Es recomendable combinar varios deportes durante la semana?

. Combinar diferentes tipos de actividad permite trabajar distintas capacidades. Por ejemplo, se puede caminar varios días, realizar ejercicios de fuerza dos días y añadir actividades de equilibrio como taichí o yoga adaptado.

La combinación de actividad aeróbica, fuerza y equilibrio coincide con las recomendaciones para las personas mayores y permite trabajar tanto la resistencia como la capacidad funcional.

 

En conclusión, integrar deportes para personas mayores en la rutina diaria es una de las mejores inversiones para el bienestar físico y cognitivo. Desde actividades como caminar o el yoga hasta programas de fisioterapia adaptados, el objetivo principal siempre debe ser la constancia y la seguridad. Adaptar el ejercicio a las capacidades individuales es fundamental para disfrutar de un envejecimiento activo, autónomo y saludable, mejorando así la calidad de vida a largo plazo.

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