La artritis reumatoide en mayores es una enfermedad autoinmune que inflama las articulaciones y puede causar rigidez y fatiga persistente. Su abordaje combina fármacos específicos, fisioterapia y hábitos saludables para frenar el daño articular y preservar la autonomía de la persona.
- La artritis reumatoide es una inflamación de la membrana sinovial, distinta al desgaste óseo de la artrosis.
- Síntomas de alerta: Rigidez matutina persistente, inflamación articular sin golpe previo y fatiga generalizada.
- Factores de riesgo: Envejecimiento del sistema inmunitario, tabaquismo, obesidad y patologías como la diabetes.
- Mediante la detección por marcadores en sangre e imagen, y el tratamiento con fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAME) y fisioterapia, se podrá diagnosticar y controlar.
- Una dieta rica en omega-3, ejercicio funcional y control del estrés ayudará a prevenir esta patología.
Qué es la artritis reumatoide en personas mayores
Se trata de una enfermedad crónica autoinmune en la que el sistema inmunitario ataca a la membrana sinovial, que se encarga de recubrir las articulaciones. A causa de esto, se produce una inflamación que, si persiste en el tiempo, puede llegar a dañar el cartílago, erosionar los huesos y romper los ligamentos. Además, el daño producido en las articulaciones puede provocar deformidades e incluso la inmovilidad de las articulaciones afectadas.
Esta enfermedad debilitante no solo afecta a las articulaciones, sino que también puede llegar a afectar a los pulmones, el corazón y los ojos, inflamando tejidos y vasos sanguíneos y aumentando el riesgo de otras afecciones.
Es importante distinguir la artritis reumatoide de la artrosis, ya que, si bien ambas enfermedades afectan a las articulaciones y causan dolor, la artrosis es el desgaste del tejido que recubre el hueso y lo amortigua, mientras que la artritis es la inflamación de la membrana que recubre las articulaciones.
Síntomas característicos de artritis reumatoide en mayores
Los síntomas de la artritis reumatoide son múltiples y en ocasiones se pueden confundir con otros síntomas típicos de enfermedades que suelen afectar a las personas mayores.
No obstante, estos son algunos de los síntomas más comunes cuya aparición no debe ignorarse para evitar una evolución acelerada de la enfermedad:
Dolor y rigidez articular
Una de las principales características de la artritis reumatoide es la progresiva inmovilidad de las articulaciones. Este síntoma es especialmente notable por la mañana o tras largos periodos de tiempo sin movilidad.
Además, si esta rigidez va acompañada de dolor al realizar ejercicios de movilidad para adultos mayores, puede ser un síntoma claro de esta enfermedad.
Inflamación visible y debilidad articular
La artritis provoca una reacción inflamatoria dolorosa. En caso de padecer estos síntomas sin haber sufrido ningún golpe o torcedura, puede deberse a la artritis.
Fatiga, malestar general y pérdida de función
En muchas ocasiones, la fatiga puede pasar desapercibida o no se relaciona con la artritis. Sin embargo, síntomas como el dolor o la debilidad articular provocan un bajo estado de ánimo y preocupación que puede afectar a la calidad del descanso nocturno e incrementar el cansancio general.
Limitación de movimiento y progresiva discapacidad
La evolución de la artritis reumatoide, si no se aplica el tratamiento adecuado, puede tener consecuencias crónicas y debilitantes, como la limitación de movimiento e incluso la discapacidad por la inmovilidad de las articulaciones que afecten a las actividades del día a día.
Causas en adultos mayores
Si bien no hay una causa concreta de esta enfermedad, sí que existen diferentes factores ambientales y genéticos que aumentan la predisposición a sufrir esta enfermedad.
Estas son algunas de las principales causas de artritis reumatoide en adultos mayores:
- Factores genéticos y predisposición inmunológica: son causas que aumentan la predisposición a padecer artritis, aunque el estilo de vida y los cambios hormonales pueden incrementar o minimizar ese riesgo.
- Envejecimiento del sistema inmunitario: si bien la artritis reumatoide puede aparecer a cualquier edad, a partir de los 45 años es mucho más frecuente por el envejecimiento del cuerpo, sus células, moléculas y sistema inmunitario.
- Presencia de comorbilidades (diabetes, hipertensión, etc.): algunas enfermedades como la diabetes, ya sea por causas genéticas o por el estilo de vida, pueden aumentar las posibilidades de sufrir esta y otras enfermedades.
- Factores ambientales y estilo de vida: el sobrepeso, fumar o tener un estilo de vida estresante o expuesto a ciertas sustancias contaminantes son factores que contribuyen.
Cómo se diagnostica en personas mayores
Tanto los profesionales de una residencia de ancianos como los familiares y seres queridos deben prestar atención a los síntomas que presenten las personas mayores y acudir a un profesional médico especializado en geriatría.
Existen algunas pruebas específicas que ayudan a detectar la artritis reumatoide y diferenciarla de otras enfermedades similares:
Evaluación clínica y examen físico
El profesional médico es el encargado de realizar un examen físico a la persona para detectar inflamaciones en las articulaciones, enrojecimiento y la movilidad articular.
Además, realiza pruebas físicas de reflejos, fuerza muscular y un cuestionario sobre síntomas, historial clínico y familiar, y estilo de vida para diferenciar entre artritis y otras enfermedades especialmente durante las etapas iniciales.
Pruebas de laboratorio y marcadores inflamatorios
Mediante un análisis de sangre se pueden detectar marcadores específicos que indican la presencia de la enfermedad.
La detección de una alta velocidad de sedimentación globular —es decir, cuando en un análisis de sangre los glóbulos rojos caen demasiado rápido— y la presencia de anticuerpos reumatoideos, como el factor reumatoide o los anticuerpos antipéptidos cíclicos citrulinados (ACPA), pueden indicar la posibilidad de padecer artritis reumatoide. No obstante, la confirmación de esta enfermedad debe contrastarse con otras pruebas, ya que se puede dar positivo en alguna de estas pruebas sin padecer ninguna enfermedad.
Estudios de imagen (radiografía, ecografía, RM)
La evolución en el sector médico ha permitido que la detección de enfermedades sea cada vez más rápida y precisa. En el caso de la artritis reumatoide, las radiografías, ecografías y resonancias magnéticas ayudan a observar la evolución de la enfermedad y a confirmar diagnósticos.
¿Qué tratamientos existen?
Se estima que actualmente la artritis reumatoide afecta a alrededor de 300.000 personas en España. En este sentido, se trata de una enfermedad bastante común por lo que existen numerosos tratamientos y medicamentos que ayudan a frenar su evolución y a paliar algunos de los síntomas.
Fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad
Se trata de un tipo de medicamentos utilizados para reducir la inflamación y aliviar el dolor de diferentes enfermedades.
En el caso de la artritis reumatoide, además, este tipo de medicamentos ayudan a prevenir y ralentizar la evolución de la enfermedad. El funcionamiento de estos medicamentos se basa en la modulación del sistema inmunológico, previniendo consecuencias de la enfermedad a largo plazo.
Terapias biológicas y tratamientos dirigidos
La innovación en tecnología y medicina ha permitido desarrollar nuevos tratamientos que permiten modificar directamente moléculas clave del sistema inmunitario que causan la enfermedad.
Este tipo de terapias permiten bloquear la información que envía el sistema inmune y ayudan a reducir la inflamación y el dolor en las articulaciones. Es un tipo de tratamiento muy dirigido que utiliza proteínas a partir de células modificadas artificialmente y habitualmente se usa cuando otros tratamientos más generales no han producido resultados.
Analgésicos y antiinflamatorios
Medicamentos como el ibuprofeno o el paracetamol son muy habituales en el tratamiento de la artritis reumatoide por su capacidad para reducir la inflamación y el dolor de manera rápida y efectiva. En ocasiones estos medicamentos se combinan con otros que cumplen funciones de prevención o tratamiento más a largo plazo.
Fisioterapia y ejercicios funcionales
Además de tratamientos con fármacos y las terapias biológicas, los ejercicios de movilidad y la fisioterapia para ancianos son fundamentales en el tratamiento de la artritis reumatoide para fomentar la movilidad de las articulaciones y evitar la discapacidad por inmovilidad producida por el dolor, la inflamación y el deterioro de los músculos y tendones.
Prevención y manejo proactivo a largo plazo
Estrategias para preservar movilidad y función
Ya sea en un centro de día o en casa, hay diferentes ejercicios y actividades que se pueden hacer en el día a día para mejorar la movilidad y prevenir la aceleración de la pérdida de movilidad, por ejemplo:
- Rotaciones articulares
- Caminatas moderadas o natación
- Ejercicios de psicomotricidad
- Evitar el sedentarismo prolongado
Modificación de factores de riesgo y cuidado general
Los hábitos saludables tienen un gran impacto en la salud física. Si ante el riesgo de desarrollar enfermedades como la artritis reumatoide se modifican los hábitos de alimentación y ejercicio, se puede frenar su aparición o retrasarla.
Consumir alimentos ricos en omega-3, evitar el sobrepeso y cuidar la salud con ejercicio suave diario, además de evitar el estrés, son hábitos fundamentales para evitar brotes agudos y reducir la posibilidad de desarrollar artritis reumatoide.
Importancia del seguimiento regular y adherencia al tratamiento
En las personas mayores, la prevención y la revisión regular por especialistas puede ser fundamental para hacer un seguimiento de la salud de las personas mayores.
Cuándo consultar con un especialista
En caso de padecer alguno de los siguientes síntomas, conviene consultar al médico especialista:
- Dolor intenso y progresivo no controlado: Si una persona mayor empieza a indicar molestias y dolor intenso sin ningún motivo aparente y ese dolor persiste durante horas o días, el médico de cabecera puede valorar la necesidad de hacer alguna prueba que confirme o descarte enfermedades como la artrosis o la artritis reumatoide.
- Dificultad para realizar actividades cotidianas: Es normal notar cada vez más limitaciones en la movilidad con el avance de la edad. Sin embargo, cuando esa limitación de movilidad es excesiva y no responde a ninguna causa clara, hay que acudir al médico.
- Signos de inflamación persistente: No es normal padecer síntomas de inflamación persistente sin haber sufrido un golpe o daño. Además, este es un síntoma claro de artritis reumatoide.
- Empeoramiento a pesar de tratamiento: Si se comienza un tratamiento para la artritis reumatoide, pero no se logra mejorar o incluso empeora la evolución de la enfermedad, es imprescindible acudir al especialista.
La artritis reumatoide es una patología que requiere un abordaje preventivo y profesional para minimizar su impacto en la vejez. Mantener unos hábitos saludables, realizar ejercicio adaptado y contar con el seguimiento de especialistas son los pilares fundamentales para preservar la autonomía y garantizar una alta calidad de vida en las personas mayores.